Tod Browning es un director americano de la primera época del cine, famoso por hacer Drácula , con Bela Lugosi, en 1931; por hacer una serie de películas mudas con Lon Chaney y, quizás por encima de todas las cosas, por hacer esa maravillosa bizarrada que es Freaks. En ella, vemos un grupo de artistas de feria ambulantes con diferentes taras físicas o mentales, que son abusados por los pocos “normales” de la troupe, hasta que se rebelan y buscan venganza. Pero la relación de Browning con el circo viene de antes.
Según cuenta su biografía, el propio Browning se escapó de su casa de muy joven para embarcarse en una de estas ferias, donde estuvo trabajando durante varios años, antes de dar el salto al cine. Esta experiencia y ese amor por el mundo circense, le llevaría después a relatar en al menos tres de sus películas ese particular universo.
La trilogía circense de Browning empieza en 1925 con El trío fantástico (The unholy three). En ella se cuenta la historia de tres trabajadores en una de esas ferias (un ventrílocuo, un enano y un forzudo), que la abandonan para llevar a cabo una serie de robos y crímenes. En realidad, en esta película, ese mundo no se toca más que ligeramente en la introducción, puesto que el resto del film transcurre en una tienda de mascotas. Pero en todo caso, ya tenemos la presencia de un verdadero trabajador de la feria como es Harry Earles, haciendo el papel del enano, y que luego tendría un personaje protagonista en Freaks. De cualquier modo, ya digo que la película no toma el tema que nos ocupa hoy más que de manera tangencial. De hecho, pese a ser una película muda que tiene como protagonista a Lon Chaney, se ven muchos más paralelismos con Muñecos infernales (The Devil Doll), ya de la última época de Browning y sin Lon Chaney, que con la siguiente entrega de la trilogía, The Unknown (Garras humanas).
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| El trío maldito. Nótese a Chaney travestido de vieja |
Bien. Garras humanas es un monumento cinematográfico sin parangón en la historia. El argumento es uno de los más delirantes y desquiciados que me he encontrado en la vida. Además, está lleno de giros y de sorpresas que no hacen más que sumirnos más y más en el estupor, en el esto no puede estar pasando. Y sin embargo pasa. Ocurre ante nuestros ojos. En apenas 50 minutos. Nos da la impresión por momentos de que estamos viendo uno de los capítulos más desmadrados de Alfred Hitchcock presenta… ¡pero 30 años antes y en cine mudo!
La película cuenta la historia de un lanzador de cuchillos que no tiene brazos, interpretado por Lon Chaney, que lanza los cuchillos con los pies. Se enamora de una compañera de la feria que, a su vez, está enamorada del forzudo del circo. Pero hay un problema añadido, que la chica le confiesa en un momento dado, y es que tiene un trauma desde hace tiempo, por el que es muy reacia a que la toquen y le abracen. En ese momento nuestro protagonista ve que tiene una posibilidad con la chica, porque al no tener brazos es el hombre perfecto. Pero eso es solo el principio
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El problema es que sí tiene brazos, pero se los esconde, para engañar a la gente y poder seguir tirando cuchillos con los pies. El padre de la chica (y dueño de la feria) se entera y se enfada porque está engañándole a él y a su hija. El lanzador de cuchillos le mata, estrangulándolo, pero la hija lo ve por una ventana, aunque solo puede ver las manos, no la cara. Y ve que tiene dos pulgares en una de ellas. El lanzador de cuchillos sabe que si se enteran va a ser perseguido por la policía y va a perder a la chica, así que decide… amputarse los brazos. Sí. Así de loco todo. Evidentemente, todo termina MUY MAL.
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La interpretación de Lon Chaney, la cantidad de giros que se suceden en apenas 50 minutos, lo loquísima, pero a la vez tan perfectamente equilibrada que es la historia del triángulo amoroso (el forzudo y el hombre sin brazos pelean por la chica que no soporta ser abrazada. Genial), hacen de esta película una auténtica joya sin parangón en la historia del cine. No hay nada semejante. Pero claro, aún quedaba lo mejor.
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| Lon Chaney reflexionando. Intentando tomar una difícil decisión |
Y lo mejor es Freaks, evidentemente. La historia de Freaks la he esbozado al principio. En una feria ambulante, los pocos normales se ríen y abusan de los disminuidos físicos y psíquicos con los que comparten la vida. Hasta que estos se rebelan contra ellos. Si ya en las obras anteriores Browning había puesto el foco en los distintos fenómenos de circo, aquí ya se explaya. Casi todo el elenco está sacado directamente de esas ferias. Tenemos actores con microcefalia, sin brazos ni piernas, enanos, siameses, etcétera. Y las secuencias en las que va avanzando el argumento se yuxtaponen con escenas en las que vemos simplemente la vida cotidiana de estos actores.
Todo esto fue demasiado para los productores y espectadores de la época, lo que llevó a que la película sufriera recortes en su duración de cerca de treinta minutos, dejándola en poco más de una hora, y que fuera un fracaso comercial que estuvo a punto de truncar para siempre la carrera de Tod Browning. Afortunadamente, él se rehízo y pudo completar varias películas después. Y la propia película, completamente denostada en su época por lo fuerte que resultaba entonces, fue recuperada en ciertos círculos y convertida en una auténtica película de culto.
Y con razón. Porque más allá de la polémica y del impacto que supone ver a este tipo de personas, nos damos cuenta de eso, de que son personas. Como cualquiera. Y la manera que tiene Browning de hacernos ver esto es magnífica.
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| Browning, rodeado de algunos de los protagonistas de Freaks |
En todas estas películas de Browning siempre hay algo turbio en el mundo de la feria ambulante, plagada de personajes retorcidos, cuando no directamente criminales. Pero a la vez, demuestra un amor por ese tipo de vida ciertamente inusitado. Y es muy complicado de equilibrar ambas cosas. Evidentemente, el mejor ejemplo de ese equilibrio es Freaks, subrayando que los aparentemente normales, en realidad, acaban siendo los monstruos de la película.
Además, este acercamiento a ese apasionante submundo, el de las ferias ambulantes, apenas está tratado en otras películas en la historia del cine y con tanta pasión y realismo (quizás en El hombre elefante, de David Lynch). Probablemente la obra audiovisual que más intentó acercarse a todo aquello, aunque de una manera completamente diferente, fue la desgraciadamente truncada (y aún así, y a pesar de todo, una de las mejores series de televisión que he visto en mi vida) Carnivàle.



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